En 2005, el emprendedor chileno Marcelo Guital detectó algo que pocos habían notado: los chilenos consumían apenas 4 litros de agua embotellada al año per cápita, muy por debajo de los 25 litros de los argentinos o los más de 50 de los europeos. El mercado de agua embotellada en Chile era emergente, pero con marcas bien consolidadas.
Junto a sus socios Iván Rodríguez y Rodrigo González, Guital lanzó Benedictino con un capital inicial de apenas US$500 mil. La apuesta era clara: crear una marca de agua sin sodio con posicionamiento premium, diseño cuidado y una identidad distinta a todo lo que existía en el mercado chileno.
Desde el inicio, Benedictino no intentó competir por precio. Mientras las grandes marcas internacionales apuntaban a la masividad, Benedictino fue construyendo su espacio en los lugares donde importaba la experiencia, posicionándose en hoteles y restaurantes de lujo.
Pero lo que realmente hizo memorable a Benedictino fue su estrategia de marketing: creativa, audaz y de bajísimo presupuesto.
En una de sus tácticas más recordadas, Guital compró tres horas de pauta televisiva de madrugada — de 2 a 5 AM — y transmitió solo una imagen estática de la botella con música de piano de fondo. Sin locutor, sin movimiento, sin call to action. Un comercial tan inusual que ganó el premio al más largo de la historia de la televisión chilena, y que las personas recordaban precisamente por lo extraño.
Otra táctica: enviaba personas infiltradas a eventos masivos con cobertura de prensa. Antes de que las fotos fueran tomadas, el infiltrado colocaba estratégicamente una botella de Benedictino en el ángulo de la cámara. Resultado: apariciones gratuitas en diarios y revistas, asociadas a eventos de alto perfil.
Los números reflejaron la estrategia: 5% de participación de mercado en el primer año, y alrededor del 20% en el tercero.
Ese crecimiento llamó la atención de Coca-Cola, que adquirió la marca por más de US$5 millones. Lo que había comenzado como un emprendimiento chileno con capital ajustado se convirtió en un negocio lo suficientemente valioso como para despertar el interés de una de las mayores empresas de bebidas del mundo.
La historia de Benedictino demuestra que incluso en mercados donde parece que "ya está todo inventado", todavía hay espacio para quienes entienden bien a sus clientes y se atreven a hacer las cosas de manera distinta.
Aprendizajes clave para las pymes
• Diferenciarse puede ser más importante que competir por precio.
• La marca y la experiencia también generan valor.
• La consistencia construye confianza en el tiempo.
• Incluso los productos más simples pueden destacarse.
• La creatividad puede reemplazar al presupuesto.
• Un crecimiento ordenado puede transformar una pyme en una empresa muy valiosa.
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